CIUDAD NORTE — CIUDAD JARDIN

Ciudad Norte - Ciudad Jardín es el proyecto estratégico del Gobierno de Bucaramanga que reúne las inversiones de la administración para abordar una deuda social histórica con las comunas 1 y 2 de la ciudad. Este sector concentra diversos desafíos sociales y ambientales que exigen intervenciones de corto, mediano y largo plazo para cerrar brechas de desigualdad con otras comunas y mejorar la calidad de vida de sus residentes.

El Plan Ciudad Norte Ciudad Jardín es una construcción conjunta entre la Alcaldía de Bucaramanga, los habitantes del Norte y la Academia representada por la Universidad Santo Tomas. El Plan constituye un derrotero que trasciende el periodo de una administración y compromete a las instituciones de la ciudad con programas y proyectos transformadores, de corto, mediano y largo plazo, que mejorarán progresivamente la calidad de vida en este sector de la ciudad y cerrarán las actuales brechas de desigualdad entre el Norte y otras zonas de Bucaramanga.

La versión definitiva del Plan se publicó en el 2018. En el siguiente enlace se puede descargar el documento en borrador: Plan Integral Zonal Ciudad Norte Ciudad Jardín, Bucaramanga

A continuación, el texto introductorio al Plan:

"En el cuerpo a cuerpo con una realidad dura y difícil, el equipo del Plan Integral Zonal del norte de Bucaramanga ha esclarecido, con precisión quirúrgica, los perfiles de esa “otra” ciudad olvidada e ignorada por la ciudad canónica. Esa ciudad se extiende a sus pies allá debajo de la escarpa que fractura la meseta, convirtiéndola en un colosal balcón hacia el paisaje de las estribaciones montañosas situadas al norte.

La ciudad de la retícula española fundacional conformó un espacio urbano homogéneo y continuo y direccionó su crecimiento de la mano del sector público hacia el sur, superando las brechas transversales de la escorrentía de las aguas desde los cerros orientales hacia el cauce del río de Oro. Al mismo tiempo, en un sentido contrario, en las tierras al norte bajo la escarpa, allí donde convergen las aguas del río de Oro y el Suratá para engendrar el rio Lebrija, el tendido ferroviario auspició un enclave industrial que marcó la expectativa de colonización de ese espacio a la vuelta del valle del río de Oro, y donde el Estado, a través del Instituto de Crédito Territorial, quiso ver la oportunidad de localización de actuaciones de vivienda para una población de bajos recursos. Pensaron quizá aquellos gestores públicos que la proximidad al espacio productivo apenas enunciado era una ventaja para los futuros habitantes.

Seguro se beneficiaron de la oportunidad de unos terrenos separados de la ciudad y con un precio más bajo por ello. Vivienda de bajo costo y expectativa de empleo, fueron suficientes motivos para iniciar un enclave urbano que devendría en lo que es hoy la zona norte, sentida por sus habitantes como una ciudad, con una holgada autonomía que sabemos forzada por el olvido de la ciudad oficial.

El territorio ondulado y verde auguraba en sus comienzos un asentamiento feliz, con pautas similares a una periferia suburbana, en la que la modestia de los alojamientos se vería compensada por la existencia de una cuota mayor de espacios libres verdes y una oportunidad de ocio en la ribera de los ríos. Algo pasó, sin embargo, que trastocó esa utópica visión.

El aluvión de nuevos habitantes procedentes de lugares lejanos y de los expulsados de la ciudad convencional, convirtió la zona norte en el destino de lo marginal, en el sujeto preferente de la promoción fuera del control administrativo, e incluso en la ocasión de asentamientos invasivos que parasitarían de forma inmisericorde los barrios creados por la iniciativa pública.

En todos esos casos la despreocupación por el espacio público, por las dotaciones y equipamientos, hizo crecer los déficits de servicios básicos y deterioró el ambiente y las condiciones de vida de todos los habitantes de ese lugar, cada vez más alejado de los patrones propios de la ciudad moderna, atenta desde principios del siglo veinte a la creación de espacios urbanos equilibrados y bien dotados, capaces de ofrecer a sus habitantes unas prestaciones legítimamente demandadas de salud, educación, seguridad sanitaria en el espacio colectivo y habitabilidad en las viviendas.

La ciudad norte de Bucaramanga no solo se derramó por la quebrada que la separa de la meseta, sino que se hundió progresivamente superando la capacidad de regulación, de control o de auxilio de las administraciones que intentaron enfrentar ese proceso negativo. Lo peor de todo fue la pérdida de una idea de ciudad que definiera de forma estimulante un ideario de futuro capaz de generar ilusión y esfuerzo por parte de todos.

El presente Plan Integral Zonal es, quizá por vez primera, el punto de partida de una reversión de esa tendencia negativa, porque está planteado desde la resolución de un Alcalde singular y desde el coraje de unos jóvenes profesionales que han enfrentado esa realidad con la potencia de quien busca la verdad a toda costa, y que han acudido al inventario minucioso de datos y hechos, no para hacer aplicación de una estadística encubridora de la realidad, sino para desvelar con claridad meridiana el origen de los problemas y así mejor enfrentar su solución.

En ese esfuerzo de recuperar un modelo ilusionante de ciudad se cuenta con un activo trascendental “los habitantes del norte reivindican con fuerza inusitada su estatus de ciudadanía” y son, por ello, aliados seguros de la administración que acude en su ayuda. Para los redactores del documento técnico, las armas principales han sido el trabajo sistemático de organización de la información de forma comprensible y la creatividad para interpretar la forma del territorio, para idear a partir de ella estructuras capaces de reconstruir los espacios urbanos, añadiéndoles coherencia y capacidad para poner orden, creando espacios de convivencia y hábitos de civilización capaces de mejorar la calidad de vida de los habitantes de la ciudad norte.

En la primera escala de reflexión sobre la forma del territorio, de forma responsable y juiciosa, el Plan Integral Zonal se plantea una lectura ampliada de su ámbito, para entender y prever los impactos que sobre él tendrán en el futuro las transformaciones urbanísticas que se están movilizando en los territorios en derredor suyo y que, sin duda, afectarán al menos paisajísticamente a la ciudad norte y significarán cambios estructurales trascendentes sobre elementos clave de su ámbito más propio.

En ese sentido, cabe incluir en esa discusión las laderas continuas de los altos occidentales que conforman la margen izquierda del río de Oro y que ya han manifestado movimientos de agentes urbanos que pretenderían su ocupación; el espacio natural que se embolsa desde Pablón hasta el Suratá y el Lebrija al noreste que cabe imaginar preservado como espacio natural protegido; el territorio al este de la carretera nacional con dos ámbitos bien diferenciados por su distinto reconocimiento desde el Plan de Ordenamiento Territorial como suelos rurales, o como suelos de expansión urbana; el territorio al este del ámbito propio de la ciudad norte y cuya diferente consideración administrativa ha motivado su exclusión desacertada del ámbito de ordenación; y que, sin embargo, es un territorio indispensable para pensar en operaciones de mejora en las áreas de ordenación diferenciada más conflictivas, situadas en posiciones orientales del ámbito sujeto del Plan, y que comprometen también equipamientos trascendentales como son la Universidad Industrial de Santander o el enclave urbano de Bosconia; por último, no se puede desconocer la influencia del área de renovación urbana de Comuneros, cuya posición junto al borde de la escarpa permite pensar que se vea afectada por los flujos peatonales que desde la zona norte ingresarán hacia la meseta si se facilita su acceso.

En la interpretación de la forma del territorio el Plan descubre la oportunidad de nuevas centralidades, de un sistema de espacios verdes y libres que ayude a definir una estructura general en anillos sucesivos, desde las cotas más bajas hacia las que escalan la escarpa. Su intención es crear cuatro anillos capaces de conectar las centralidades y usos terciarios, utilizando itinerarios peatonales simples que servirán al propósito de garantizar la movilidad de los habitantes y su capacidad de acceder a las dotaciones existentes y futuras, y a la vez ser soporte de un sistema de espacios verdes que garantice la calidad ambiental y paisajística. El planeamiento busca validar sus proposiciones en la identificación de ámbitos coherentes desde el punto de vista paisajístico, en los que la forma del territorio desvela oportunidades para completar las estructuras ya definidas o añadir otras nuevas. Son las que denominamos “Áreas de Ordenación Diferenciada” (Unidades de Planificación Diferenciada) que agrupan barrios, zonas vacías e infraestructuras, y en los que podemos imaginar intervenciones que sean capaces de integrar todos esos elementos y hacerlas reconocibles como conjuntos urbanos de gran escala.

Las AOD (UPD) serán pues objeto de proyectos urbanos diferentes, ajustados a sus condiciones particulares y cuyo cometido será estructurar todo su ámbito y señalar la directriz básica de la gestión de suelo que debe ser acometida. También se pretenden como elementos estructurales capaces de articular las operaciones puntuales de urbanización o equipamiento que deben ser puestas al servicio de la población.

En todo caso dichas estructuras aprovechan los suelos residuales del proceso de colonización y se definen como itinerarios peatonales que son acompañados o que discurren por los espacios verdes de distintas escalas que aún pueden ser recuperados en sus funciones ambientales y paisajísticas. El plan, para cada área define las estructuras apropiadas y las directrices básicas de gestión de suelo y de transformación puntual del mismo.

Se determinan con ello los recintos susceptibles de transformación en espacios para la nueva residencia y para el espacio productivo, en el entendimiento de que aquí, más que en ninguna otra parte del Área Metropolitana, debe darse lo que denominamos el “mixed” la mezcla de funciones que proporcione una riqueza añadida al espacio urbano combinando el alojamiento, el trabajo, las dotaciones y el esparcimiento en el mismo ámbito accesible a pie, y por tanto al alcance de unos habitantes a los que la escasez de recursos obliga a la máxima eficiencia.

De la misma forma el Plan asume el reto de mejora eficaz que implica la definición de objetivos claros y la concreción de sus propuestas en iniciativas y proyectos, que pueden ser asumidos por las administraciones en cualquier momento como acciones directas, más ágiles que la siempre lenta tramitación de los instrumentos de planeamiento. Acciones reflexionadas y respaldadas con firmeza por el análisis del Plan, que es entendido como una guía, como un plan estratégico de gestión entre el Plan de Ordenamiento Territorial y el Plan Parcial.

El PIZ reafirma su vocación de estímulo en la conquista de la ciudadanía de los habitantes del norte, más allá del censo burocrático, entendiendo que esta reivindicación establece como objetivo la equiparación de esta parte de la ciudad de Bucaramanga con cualquier otra, y que en ello la organización y el liderazgo de sus propios habitantes es esencial. Será en gran medida determinante la participación de las comunidades en la construcción de un sistema de uso del espacio, que manifieste la capacidad de respeto por los otros y por la dignidad propia.

El desarrollo de su capacidad organizativa es, por ello, clave en el proceso social que debe acompañar al Plan y servirse de él. Aquí la participación ciudadana debe ser una realidad. Ser parte de la propia experiencia materializada en la ocasión de redactar el documento de planeamiento que, por positiva, cabe proteger desde la administración como si se tratara del valioso rescoldo útil al mantenimiento del fuego que garantizaba la supervivencia ancestral.

En última instancia cabe felicitarse de un momento singular en la urbanística bumanguesa cargado de sentido y de nobleza, ante el desafío de afrontar con generosidad intelectual y entrega profesional aquella parte de la ciudad que nunca debimos olvidar.

En Bucaramanga, a ocho de diciembre de dos mil diecisiete. " Enrique Giménez Baldrés, arquitecto

Desde mediados de julio el Gobierno de Los Ciudadanos y Las Ciudadanas adelanta la construcción del Parque Lineal del Río Suratá, como parte de la red de parques que busca crear espacio público de calidad que fomente el deporte, la cultura y la construcción de tejido social funcionando como un punto de encuentro para la comunidad. Esta obra cuenta con recursos por un total de $ 6.103 millones.

Históricamente la relación de la ciudad y sus ríos en Bucaramanga ha sido hostil y en muchos casos irregular. Esta situación ha generado, entre otros asuntos, la contaminación de los ríos y la consolidación de asentamientos en situación de riesgo por inundación. Este parque lineal busca invertir esta relación histórica a través de una planificación del territorio en el marco del PIZ, el embellecimiento del espacio público y la funcionalidad de este para ser un entorno seguro para construir comunidad.

Ubicada en el barrio Claveriano la obra en ejecución consta de la construcción de plazoletas, andenes, gimnasios al aire libre, juegos infantiles, una cancha sintética, una cancha múltiple, zonas verdes, la dotación de mobiliario urbano ergonómico y alumbrado público de alta calidad. El alcance de esta obra de los Ciudadanos corresponde a la labor de trabajo social y los planteamientos urbanísticos y arquitectónicos construidos mediante trabajo conjunto con la Empresa de Desarrollo Urbano de Medellín, una organización reconocida a nivel nacional e internacional por adelantar procesos de transformación urbana exitosos en la capital antioqueña.

El Parque Lineal Río de Oro es una obra de infraestructura urbana de alta calidad que consta de ciclorrutas, cuatro escenarios deportivos (una cancha de fútbol sintética, 2 canchas de fútbol en arena y 2 canchas múltiples) equipamiento urbano y espacios para el esparcimiento y recreación para la comunidad. Este proyecto nació como la necesidad de repotenciar el Parque lineal del Barrio Bavaria II y sus equipamientos recreativos y deportivos. Dicho Parque, construido a orillas del Río de Oro en la Comuna 1 hace una década, está en estado de abandono afectando la calidad de vida de los residentes del sector. Además, en sus alrededores se ha consolidado un asentamiento informal en situación de riesgo. La obra fue ejecutada por parte del Área Metropolitana de Bucaramanga y conllevó una inversión de $ 9.313.550.075

El Parque Lineal Río de Oro es entonces el primer paso para revitalizar el sector, ofreciendo espacios públicos, recreativos y deportivos renovados para el disfrute de todo el colectivo ciudadano, incluyendo niños y adultos mayores. Esta obra, que ha sido un éxito total, beneficia a los vecinos inmediatos de Bavaria II, pero también a comunidades aledañas como las de Campo Madrid, Betania y Villas de San Ignacio, entre otras, donde se han desarrollado proyectos de vivienda de interés social durante los últimos años. También es el inicio del proceso de recuperación de la ronda del Río en esta zona de Ciudad Norte para la protección de los residentes, así como del patrimonio ambiental de Bucaramanga.

El Parque Deportivo de la Ciudadela Café Madrid actualmente es uno de los proyectos finalizados relacionados con la red de espacios públicos de calidad para el esparcimiento, encuentro, cultura, deporte y ocio en la Comuna Norte. Cuenta con una zona de juegos infantiles, una cancha sintética, andenes y alumbrado público moderno. Proyecto que conllevó una inversión de $ 1.025 millones.

El barrio de Café Madrid ha sido uno de los focos de acciones y ejecución de proyectos centrales para la implementación del Plan Integral Zonas del Norte. El Parque Deportivo Ciudadela Café Madrid hace parte de un conjunto de obras para este sector compuestas por La Ludoteca Café Madrid, El Centro de Salud Café Madrid, el salón comunal del barrio Café Madrid, el Parque Lineal Río de Oro y un escenario deportivo.

Uno de las grandes desigualdades y brechas abismales entre la Zona Norte de Bucaramanga y el resto de la ciudad es el acceso a un transporte público masivo ordenado, regulado y digno para los ciudadanos de las comunas 1 y 2. Esta brecha es reconocida por el PIZ y dentro de su Plan de Acciones principales se estableció como una necesidad aumentar la cobertura y la calidad en el acceso al Sistema Integrado de Transporte Masivo METROLÍNEA.

El SITM ha sido rescatado por El Gobierno de Los Ciudadanos y Ciudadanas, hecho que se refleja en la gestión para la construcción de tres portales: Girón, Piedecuesta y Norte. Este último por una inversión de más de $31.000 millones. Obra que a septiembre de este año lleva un avance de 65%. Como todas las obras de esta administración este proyecto en ejecución cuenta con un diseño que busca embellecer el espacio público y al tiempo tener una funcionalidad coherente. Adicionalmente, contará con una reserva ambiental y nuevos espacios públicos y equipamientos para el disfrute de la comunidad de los barrios aledaños y en general de los usuarios del transporte público.  
¡La Red de Ludotecas en la ciudad es un hecho! Y las más emblemática se construyó en un terreno abandonado, deteriorado y olvidado por la corrupción, las malas practicas de gobiernos anteriores, y en uno de los barrios más vulnerables y con los mayores déficits en infraestructuras que permitan un desarrollo libre de la personalidad. La Ludoteca de la Estación del Ferrocarril del Café Madrid, no es solo una obra y un centro para el desarrollo artístico de nuestros ciudadanos, es una reivindicación de una ciudadanía libre y la gestión de los recursos con transparencia, eficiencia y planificación. Este proyecto ya ejecutado al 100% tenia dos objetivos principales. El primero, ser un centro de desarrollo de habilidades motrices como cognitivas para la primera infancia. Segundo, ser la sede principal en el Norte del la Escuela Municipal de Artes EMA. Los dos objetivos se han cumplido, gracias a la inversión de $1.862 millones en la construcción y rehabilitación de la Antigua Estación del Ferrocarril. Además, la dotación del proyecto en mobiliario, libros, juegos, equipos de cómputo, equipos y material audiovisual, y todo el equipamiento necesario para que la Ludoteca y la EMA se hayan ya puesto en marcha.

Los Salones Comunales son edificios públicos localizados en múltiples barrios de la ciudad que acogen actividades institucionales y comunitarias que fomentan la sana convivencia y en desarrollo social en la ciudad. En general, en Bucaramanga los Salones Comunales presentan un alto grado de deterioro por la falta de un debido mantenimiento y de obras oportunas de renovación y actualización. En el marco del Plan de Desarrollo 2016 - 2019, la administración municipal potenció la remodelación de Salones Comunales para convertirlos en espacios más amables, atractivos y dinámicos, que impulsen la calidad y el impacto de las actividades comunitarias e institucionales que allí se desarrollan. Estos nuevos Salones Comunales serán denominados Ágoras.

En 2017 se ejecutaron obras en 8 salones comunales, entre estos cuatro de Ciudad Norte: Kennedy, Regaderos, Esperanza II y San Cristóbal. Con una inversión en su infraestructura de $ 1.248.366.013, complementada por  cada Ágora superior a los 300 millones en dotación en libros, contenido audiovisual, música, mobiliario, computadores, futbolines o mesas de ping-pong y elementos necesarios para una sala audiovisual.

Actualmente se encuentran en repotenciación 10 salones comunales que serán entregados a finales de este año (2019) y serán dotados con los elementos necesarios para que se conviertan en Ágoras. De estos 10 salones comunales 2 corresponden   Cada Ágora será una biblioteca satélite de la Biblioteca Gabriel Turbay; un escenario para actividades de Cine Club y otras audiovisuales; un punto digital con acceso a internet de alta velocidad; un espacio para la práctica del deporte; una sala de capacitación para el Instituto de Empleo y Fomento Empresarial; entre otras funciones de bienestar.